Plantas purificadoras: el verde que renueva el aire de tu oficina

La vuelta a la rutina se nota en el aire que respiras: ventanas más tiempo cerradas, aire acondicionado o calefacción en marcha y muchas horas seguidas frente al escritorio. Las plantas purificadoras son la manera más sencilla de darle otra cara a esos espacios, tanto en casa como en la oficina, y en Losteflor las tenemos listas en nuestro vivero de Chiclana de la Frontera.

Las plantas purificadoras cambian el ambiente en septiembre

En verano las puertas están abiertas y el interior respira solo. Al volver al despacho o al escritorio de casa, el aire se queda quieto y los espacios se vuelven más secos. Ahí se nota el verde: una planta bien colocada aporta humedad, rompe la sensación de oficina cerrada y te da algo agradable que mirar al levantar la vista de la pantalla.

No hace falta llenar la casa de macetas: con dos o tres ejemplares bien elegidos cambia el carácter de una habitación. Estas cinco plantas purificadoras son las que más recomendamos en el vivero para arrancar el curso.

Cinta o malamadre: la más agradecida para empezar

Cinta o malamadre, una de las plantas purificadoras favoritas para el escritorio

La cinta es la planta de iniciación por excelencia y la primera de las plantas purificadoras que recomendamos a quien nunca ha tenido una maceta. Sus hojas arqueadas, con esa raya clara en el centro, caen por el borde de la mesa sin quitarte espacio de trabajo. Aguanta los despistes de riego y va soltando pequeños hijuelos que cuelgan como estrellas: cuando enraízan, tienes plantas nuevas para regalar.

Le gusta la luz clara sin sol directo encima: funciona muy bien en una estantería alta o en la esquina de un escritorio junto a una ventana.

Spathiphyllum o lirio de paz: flores blancas y ambiente sereno

Spathiphyllum o lirio de paz en una oficina, una de las plantas purificadoras más elegantes

El Spathiphyllum es la elegancia tranquila de este grupo: hoja verde oscuro y brillante y esas espatas blancas que se abren durante semanas. Es de las pocas que florecen en interior sin pedirte una ventana orientada al sur, por lo que resuelve muy bien un recibidor o un pasillo con luz indirecta.

Tiene una virtud práctica: cuando le falta agua, las hojas se inclinan y te lo dice a la cara. Riegas y vuelve a levantar el porte en unas horas, así que es perfecta para quien nunca sabe cuándo toca regar.

Zamioculca zamiifolia: verde a prueba de despistes

Zamioculca zamiifolia junto a una ventana, entre las plantas purificadoras más resistentes

Si tu semana no deja hueco ni para mirar la maceta, la zamioculca es tu planta. Guarda reservas de agua en sus rizomas y en esos tallos gruesos, así que tolera pasar días sin riego mejor que la mayoría. Sus hojas ovaladas y barnizadas dan un aire muy pulido a cualquier rincón, y crece despacio.

Si quieres profundizar, en el blog tienes los cuidados de la zamioculca paso a paso.

Sansevieria o lengua de suegra: verticalidad que aguanta todo

Sansevieria o lengua de suegra sobre una mesa de oficina

La sansevieria es pura línea recta: hojas rígidas, dibujo jaspeado y filo amarillo. Sirve para dar altura donde solo hay superficies planas, y es de las que menos protestan si el rincón tiene poca luz o si el aire está seco. En una oficina diáfana funciona muy bien sobre un archivador.

Su único punto débil es el riego: mejor quedarse corto, porque su enemigo es el agua estancada en la base.

Potos (Epipremnum aureum): la trepadora de las estanterías

Potos o Epipremnum aureum sobre una mesa, otra de las plantas purificadoras clásicas de oficina

El potos es la más generosa de estas plantas purificadoras: crece rápido, se adapta a casi cualquier luz y sus guías caen en cascada desde una estantería o desde lo alto de un armario. También puedes guiarlo hacia arriba con un tutor. Te contamos todo sobre los cuidados del pothos en otro artículo.

Dónde colocar las plantas purificadoras en un espacio de trabajo

La ubicación importa tanto como la especie. Estas son las combinaciones que mejor funcionan cuando montamos un espacio de trabajo:

  • Sobre el escritorio: cinta o potos, porque caen hacia abajo y no te tapan la pantalla.
  • En una esquina vacía: sansevieria o zamioculca, que dan verticalidad sin ocupar suelo.
  • En recibidores y pasillos: lirio de paz, que agradece la luz indirecta y aporta flor.
  • Junto a una ventana con visillo: cualquiera de las cinco, que es donde mejor se desarrollan.

Evita el chorro directo del aire acondicionado o del radiador: es lo que más seca las hojas.

Cuidados que comparten estas plantas purificadoras

Todas piden lo mismo, y es poco: luz clara pero filtrada, riego solo cuando el sustrato esté seco al tacto y un plato sin agua acumulada debajo. Limpia el polvo de las hojas de vez en cuando con un paño húmedo, porque una hoja limpia respira mejor y luce el doble. Y si notas puntas secas, suele ser aire seco o exceso de sol directo, no falta de abono.

Un aviso importante si compartes casa con perro o gato: no todas estas especies son aptas para mascotas. Pásate por el vivero y te decimos qué plantas purificadoras puedes tener sin preocuparte y cuáles conviene poner fuera de su alcance.

Preguntas frecuentes sobre plantas purificadoras

¿Cuántas plantas necesito para que se note en una habitación?

No hay cifra mágica. Empieza por dos o tres ejemplares de buen tamaño mejor que por muchas macetas pequeñas: se cuidan más fácil y el efecto visual es mayor.

¿Sirven igual en una oficina con luz artificial?

La sansevieria, la zamioculca y el potos toleran mejor las zonas alejadas de la ventana. Aun así, ninguna vive de luz artificial sola: necesitan algo de luz natural, aunque sea indirecta.

¿Se pueden dejar solas en un puente o unas vacaciones cortas?

La zamioculca y la sansevieria aguantan sin problema una semana. La cinta, el potos y el lirio de paz prefieren un riego a fondo antes de irte y quedarse lejos del sol directo.

¿Cuál es la mejor para regalar a alguien que empieza?

El potos y la cinta, sin dudarlo. Crecen rápido, perdonan los errores del principio y dan esa recompensa visual que engancha para seguir sumando verde a casa.